
En 2022 fue reconocida con el premio Roberto Bolaño a la creación literaria joven por su novela Funerales (Trazos de Aves, 2023). Este 2026 fue seleccionada por la FIL de Guadalajara entre los 26 novelistas de hasta 40 años que están renovando la literatura en español. No solo fue la única chilena, si también una de las más jóvenes. Junto con ello, vuelve a la novela con Lo que mata es la humedad, un libro de 240 páginas publicado por Provincianos y que nos adentro a un estilo de escritura poético y muy inmersivo.
– Cuéntanos acerca de cómo empezaste a escribir.
Escribir siempre ha sido una segunda naturaleza. No hay un punto de inicio que yo recuerde con exactitud, pero sí sé que escribir mis sueños, cuando era niña, hizo que adoptara el hábito de la escritura. Solía soñar mucho, por lo que también escribía mucho. Luego esa escritura derivo en otro tipo de ficciones, que inevitablemente me llevaron a tomar este camino.
– ¿Cuál es la rutina de Sofía Troncoso?, ¿qué peso tiene en ella la escritura?
Siempre estoy escribiendo, incluso cuando no lo estoy haciendo. Es inconsciente, pero mi mente nunca para de trabajar, idear tramas, armas frases, notar patrones, pensar en qué corregir de mi proyecto del momento, etcétera. Cuando realmente me siento a escribir, trato de estar lo más enfocada posible y evito las distracciones. Para mí es ideal estar sola, en silencio o con una música que acompañe el escrito. No tengo hábitos extraños ni supersticiones. Pero sí estoy pensando todo el día.
– ¿De dónde nace Lo que mata es la humedad? ¿Qué encontrará el lector/a en tu obra?
La novela Lo que mata es la humedad nace de un ejercicio de ficción, de la intención de escribir desde y sobre el deseo, que funciona con un opuesto complementario muy particular, que es la carencia. La idea surgió tras leer un poema, Romance del Júcar de Gerardo Diego, que es el epígrafe del libro, mientras estaba en un viaje sola, en Buenos Aires. La ciudad me inspiró mucho.
Luego, descubrir que podía hablar de estos temas, varios un poco tabú, como el deseo de ser y de tener, de la pérdida de varios tipos, e incluso hablar, en algún grado, de la autodestrucción, me pareció muy llamativo y me incliné a ello. El capricho, la falta de pertenencia, la idealización también son elementos que podrán encontrar en la obra. Busqué alternar la constricción con el ensanchamiento, el deseo con la pérdida, la identidad con la nebulosa, lo abierto con lo cerrado.
Creo que los lectores podrán interesarse en las dinámicas del deseo que planteo y lo que sucede cuando realmente obtienes lo que crees que quieres, pues esa es la gran pregunta: ¿qué pasa con mi deseo cuando se cumple?
– ¿Cuáles fueron tus principales influencias en el proceso de escritura de Lo que mata es la humedad?
Recuerdo haber leído Memorias de una Beatnik de Diane di Prima antes de escribir la novela, y recientemente hablando con una amiga me di cuenta que puede que haya influido mucho más de lo que pensaba. Otras influencias fueron la ciudad de Buenos Aires: sus museos, sobre todo el de Bellas Artes, sus espacios verdes y su arquitectura. La experiencia que viví allá se traslada mucho a la ficción de esa novela en forma de texturas y sensibilidades que no habría obtenido acá. Viajar, también, es una fuente de inspiración.

